No llovió.
Mojados.
Disfrazados.
Deseados.
Desinhibidos.
Manzanas,
Peras (y otras innombrables)
Tu olor (aún existe)
La luz (su ausencia)
Las prisas (relojes pintados)
A mis jóvenes pintoras...
#wenevergetolder
No llovió.
Mojados.
Disfrazados.
Deseados.
Desinhibidos.
Manzanas,
Peras (y otras innombrables)
Tu olor (aún existe)
La luz (su ausencia)
Las prisas (relojes pintados)
A mis jóvenes pintoras...
#wenevergetolder
Ni rozando mis suelas a cada paso
Ni gimiendo entre baldosas quebradas de realidad
Ni detrás, ni delante;
ni a uno ni a otro.
Simple sombra entre mis pupilas racionales.
Pequeñas ascuas de corazón sin llegar a ser hoguera.
Emilio murió en la acera.
Y no, mis hoyos nunca han sido lo suficientemente profundos para no dejarse escalar y retomar el camino.
Por este castigo tan absurdo (pero necesario) que nos tiene la vida al que muchos llaman trabajar, tengo grandísimas incompatibilidades horarias para extender algo más mis aficiones o simplemente para entenderlas a sus mínimos. Ayer fue uno de esos días en los que entré al piso, al final de la jornada, con una sonrisilla de satisfacción estandar muy agradable.
Por la mañana, cumpliendo con el típico castigo "divino", eché mis horas de trabajo.
Al mediodía, uno de mis grandes PLACERES, comer y probar cosas ricas.... me encanta. Quien de verdad me conoce sabe que ese se mi punto débil. Hace unos años, el día de la celebración de mi cumpleaños, un colega me regaló un bono para una comida en un restaurante; creo que ha sido el mejor regalo que nadie me ha hecho jamás...jajajaja...
Y completé la jornada con otro de mis agujeros de desconexión de la rutina diária, la literatura y sus gentes. Bajamos al festival Granada Noir, me moría de ganas, y allí conocí al gran Carlos Salem y supe de su extensísima bibliografía, además de coincidir de nuevo con Lens, Clara Peñalver, y demás bandoleros de las palabras asesinas. Volvía ya hacía casa con muy buen sabor de boca por lo mucho que había aprovechado la tarde, así decidí tomar un fast-gin con mi amiga Bea e irnos ya completicos cada uno a su olivo. Fin de la jornada, sin más. Guardé, como oro en paño, el nuevo libro, dedicado de mi maestra, Clara P. y me acosté.
Y con esto concluye mi entrada a modo de diario (teclear por teclear ha sido) de hoy.
Nota: vive la vida con toda la intensidad que puedas que son dos días y uno te lo pasas esperando el "cling" del reloj del microondas.
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| Reloj de sol de La Alhambra |
"El tiempo que tenemos es elástico; las pasiones que sentimos lo expanden, los sueños lo contraen; y el hábito llena lo que queda."
(Marcel Proust. En Busca Del Tiempo Perdido)
Y miro mi lista de próximos libros a leer sobre mi escritorio del salón y leo mis mini listas de películas pendientes (que lo de mini ya se queda cortísimo) y miro mis zapatillas y ropa deportiva que dejé anoche preparadas y así sucesivas cosas que "debería estar haciendo".
Cuando no es una obligación, las aficiones son muy extrapolables. Esta palabra que, desde la pandemia creo, está tan de moda, "procrastinar" en el mundo de las aficiones, de lo no obligatorio, está a flor de piel.
No soy nada metódico en cuanto a mis pasiones. Me encanta el cine, pero me cuesta la vida sentarme a ver una película dos horas (por culpa de todas esas cosas "volanderas" que también podría estar haciendo). Me encanta escribir, pero para mi es algo muy emocional, muy de estados de ánimo y ganas, casi nunca escribo por que tenga que escribir sino porque de verdad lo sienta y me apetezca. Los libros, les tendría que estar dando prioridad absoluta. Son el origen, camino y solución pero, también después de la pandemia, me está costando la vida retomar el hábito y horario adecuado para viajar entre sus renglones.
Creo que una gran ganadora en este viaje procrastinante es "el churreteo", la vida social; salir a tomar unas cervezas, a tomar un café con un rato de charla, a desayunar con amistades, etc. Soy mediterráneo, soy de sangre caliente, nos puede la calle, el sol, las cervezas, vinos, tapas, tertulias en una terraza.
Así que demasiado que, cuando consigo "deshervir" mi sangre saco cuatro ratos para escribir, que me encanta, relatos o algún moñi poema y los fines de semana me impongo bailar con el séptimo arte al menos un baile pegado. Lo de las zapas, me cuesta pero cuando arrancan disfruto muchísimo.
En definitiva y acabando ya esta mini reflexión sobre lo complicado que es ordenar mis pasiones y hacerlas compatibles con mi vida laboral voy hacer una comparación con un episodio de Los Simpsons en el que el Señor Burns va al médico a un chequeo y el médico le dice que es indestructible porque se colapsan todos sus enfermedades y ninguna consigue entrar. Pués más o menos eso me pasa a mi con mis aficiones/pasiones se colapsan a la hora de entrar en mi y al final no me pongo con ninguna.
Y me mancho
y no eres tú.
Escupo sin ti a mi lado.
El vacío ni me habla,
el lleno, hace ya que olvidé su cara.
Y como sin tu mesura
Y bebo brindando al aire
y sonrío al microchip,
sin él nada vale.
Y me encierro en mis ventanas,
entreabiertas por si acaso.
Y despierto casi sin pintar el día
para pensarte, seguir pensando.
Y no me gusta el humo,
siempre asfixió mis razones.
Y no me gusta la bruma,
sin luz ni explicaciones.
Y me quedo y te vas
y sigo sin saltar ciego
y andamos y andas
entre plurales de miedo.
Y no me canso.
Y me alimento
de la ilusión y el deshielo
y vivo enamorado
y espero y espero
y ESPERO y ESPERO.
A la gente que vive enamorada.
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| Fotograma de la película La última noche del Titanic (Roy Ward Baker. 1958), donde se ve como pasajeros de tercera clase fueron obligados a permanecer en las cubiertas inferiores hasta que desalojaran a lo pasajeros de primera. |
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| Pasión por vivir; sin distinción de clases ni escalas sociales. Titanic |
| Trujillos, Granada
LA CUCHARÁ DE ACEITE
-¡Todo era tan fácil allí arriba!
- ¡Buenas María! ¿Qué hace usted?
- ¡Ná, que me se ha resfriao una cabra y le estoy dando un par de cuchará de aceite! Para esta noche está curá. ¡Ya verás!
Mi madre, unos minutos más tarde, cuando subíamos, sentados sobres los fardos, en el remolque de un viejo tractor, hacia el tajo de olivos que tocaba hoy, en un monte perdido de la mano de Dios en las sierras de Trujillos (Granada), me explicó que la gente del campo, acostumbrada al pastoreo, a tratar con animales, a conocer las plantas y sus propiedades y demás cosillas; lo curaban todo así. El aceite de oliva era su multifarmacia.
Mientras seguía aumentando el nivel de oxígeno en los pulmones, peleándose éste con el humaco que desprendía aquel viejo, pero utilísimo tractor que Antonio y María usaban desde hacía años, y sabiendo que aún nos quedaban unos buenos minutos para llegar, no podía dejar de pensar en lo fácil que era todo. Todos los males del mundo, para esas dos personas hechas de bondad; sierra, campo, olivos, animales, y pureza, se curaban con una o dos cucharadas de aceite de oliva.
Jamás olvidaré todo lo que aprendí allí arriba en aquellos años, allá por el 97 y el 98.
Antonio; sus manos como espuertas de grandes, con ellas cogía un puñado de aceitunas (“una almorzá”, o algo así se le dice) más grande que un tarro grande de aceitunas de esas que tan bien colocaícas vemos en el supermercado. Pura, nunca mejor dicho, dotrina a pie de campo. Todo lo básico de la época de la recolecta de la aceituna; los faldos, su colocación en el olivo, las varas, para lo que sirve cada una y cual es mejor para cada caso, las variedades de olivo y de aceitunas. Por otro lado, el campo, sus pormenores, su lenguaje; lo que nos cuenta con el color de cada nube. con el soplar del viento, con sus silencios y sus ruidos. Los animales, lo que nos enseñan, lo que nos dan, lo que nos alimentan. LA VIDA, puro refrán. El SER siempre por encima del estar solamente. El hacerse una persona valedera para todo. Escribir un verso; cargar treinta sacos pesados, enamorarse, sacar las aceitunas incrustadas en la nieve en lo alto de una sierra a mediados de enero, para no desperdiciar ni una. El apreciar todo lo que nos rodea. En definitiva, a vivir en su entendida plenitud.
MARÍA, indescriptible, puro amor con los demás. Todo el mundo es bueno para ella, porque ella desconoce el concepto opuesto a la bondad. Es incapaz de concebirlo.
Ese empujoncico que te metía en el bolsillo de atrás, sujetando algo de papel en él (un billete, vaya) sabiendo que, como había estado lloviendo y se preveía más lluvia para esa noche, mañana no vendrías y querrías salir por ahí con tu novia o amigos, y ella quería siempre que lo pasaras bien. Nos cuidaba, se preocupaba por nosotros, y por todos los seres vivos que la rodeaban, vaya.
Es difícil de explicar, a otra gente como yo, que han vivido siempre protegidos por un barrio, un piso, un sofá calentico en invierno; piscinas y parques en verano, bullicio movimiento puro de ciudad, pequeña pero ciudad, tu familia principal y sus ramificaciones, etc. La sencillez; el estado biológico natural y perfecto que esas dos personas tenían en su día a día en cua cortijo de Trujillos, en el Cortijo del Moro.
Junto a ellos, en el cortijo de abajo, vivía Rafael, hermano de Antonio. 100% natural. Él era así y le gustaba ser así. Su espacio, su envergadura, su jartá de comer, su tranquilidad en cada movimiento (aún tengo clavada en la mente cuando arrimaba un saco lleno al olivo, se sentaba en él y empezaba a “varear” sentado. Pura esencia de la “in-velocidad” del tiempo, ni falta que hacía, por esos parajes. Rafael quería un sombrero de esos del Oeste, me dijo al enterarse que iba a viajar a Estados Unidos con el dinero que había estado ganando en la aceituna. - ¡Uno de esos de John Wayne!- me pidió.
Los últimos años de Antonio (murió hace ya), Rafaél (no sé que ha sido de él. Lo último es que estaba con una mujer que intentó adaptarlo a lo que nosotros entendemos por civilización) y MARÍA (murió la semana pasada, en una especie de residencia que tiene montada el “famoso” Esteban, el santo de Baza), fueron, a mi entender, un gran error. Les comieron la cabeza, de que se tenían que venir ya a vivir aquí a Alcalá, para su comodidad, para estar mucho mejor, y estar con gente y todo eso… ¡ERROR!
Tu no puedes coger de golpe un ser vivo REAL, sacarlo de su VIDA, e intentar reconfigurarlo a esta gran mentira, llena de falsedad, envidias, codicia y algo más, a lo que llamamos ciudad, y mucho menos sin ayudar día a día en su readaptación, creyendo que asimilará de golpe tanta contaminación generalizada, del aire, personas, y todo lo que conllevan ambos. ¡NO! esa fue su muerte. Antonio y María nunca fueron los mismos.
Cuanto se acordó María de lo fácil que era todo allí, de lo rápido que sanaba ella a sus bestias, a todas; incluido al cabezón pero bonachón de Antonio, su marido.
Cuanto se acordó maría de aquel puro, y auténtico elixir, sudor de su sudor, jugo de sus manos, de su raíz, de su herencia. Pero ya nada sería igual, una vez contaminada por la ciudad, ya estaba perdida. A ella, a María, nadie le dió la cucharada de aceite a tiempo. Para María ya fue tarde.
¡GRACIAS MARÍA, GRACIAS ANTONIO Y RAFAEL,GRACIAS!
GRANDES PERSONAS en vidas sencillas.
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