miércoles, 11 de marzo de 2009

FÍSICA Y PSICOLÓGICAMENTE


Venía de aparcar el coche por donde siempre, por las inmediaciones de la Anubis, cuando veo ese pedazo de todoterreno gris oscuro metalizado y lo miro mientras continuo andando, porque destacaba por ser enorme... Y de pronto cuando ya había pasado oigo unos gemidos bajitos de tristeza y soledad extrema. Vuelvo hacia atrás y contemplo lo que todos veis en la foto, unos pobres perros sollozando de melancolía, soledad, posiblemente hambrientos y desesperados de estar así, enjaulados y tapados con un fardo de plástico por encima.
En serio que daba penica verlo y oírlo... seguro que si hubiera cogido y hubiera abierto la jaula el perro se hubiera ido a su puta bola a vivir la vida por ahí mucho más feliz.
Pues no he podido dejar de pensar en esa situación y en trasladarla a la vida real de muchas personas que, aún sin expresarlo abiertamente (sin gemir, ni ladrar), viven una profunda soledad física y psicológica.
Soledad psicológica y en continua lucha viven mi mente y mi corazón numerosos días por la impotencia, vagancia, despreocupación y derrota en la cual me veo desde hace años.
Comencé a comerme el mundo, a estudiar, a trabajar en los veranos lejos de casa, a viajar, a aprender a enamorarme y desenamorarme... y así un sin fin de pasos que me llevaron a pensar que sería un joven sin miedos, echao p'alante, y decidido.
¡Y llegó "la ola"! (la jaula de metal con el fardo por encima) la ola alcalaína que te va envolviendo de su espuma grisácea y te mete y te mete y te empuja hacía adentro,debilitándote, y haciéndote comprender que todas esas energías, ganas de hacer, emprender y ver cosas que hace unos años tenías no han servido para nada y te ves gimiendo, y mediando en la gran lucha interna que tu corazón y tu cerebro mantienen. Lucha que hace unos años ni tenía lugar porque seguía fielmente los impulsos, casi siempre acertados, que mi corazón iba presintiendo.
¡Cómo echo de menos aquel corazón!
¡Cómo echo de menos esa llave maestra, llamada ilusión, que abría los candados y cerrojos de todas las jaulas!
En fin, aquí seguiré sumiso y encerrado esperando que algún "curso de natación apropiado" o algún socorrista atrevido, me liberen de la grisácea ola que me envuelve, y vuelva a nadar con libertad e ilusión.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que hay que ver por las calles de Alcalá...
Y lo que se esconde lejos de las calles de Alcalá, porque simplemente se queda encerrado en soledad y eso nunca, nunca, nunca es bueno.
Se puede luchar contra "la ola", ¿no?

Ángel Raúl dijo...

Seguro... el PROZAC lo cura todo.


Además...vendran tiempos de sol y bajará el nivel de las olas y serán faciles de saltar... como las que revoleaban a "mas de una que yo me sé" en Mojacar..jajaja